Razones para no estudiar traducción e interpretación

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En estos últimos años me han preguntado muchas veces sobre la traducción y la profesión de traductor. Algunas vienen de estudiantes de traducción o de gente que quiere empezar ese camino y otras de traductores en activo. También he mantenido contacto con personas que buscan trabajos de traducción.

Con todas estas preguntas me he dado cuenta de algunas de las ideas más extendidas sobre el sector de la traducción–algunas de las cuales son ciertas y otras no. Todo esto muestra el terreno que media entre las expectativas y la realidad de la profesión de traductor, como muestro a continuación.

1. Tu Trabajo No es tuyo.

Traducir significa trabajar con algo que te han prestado momentáneamente, y no con algo que tú misma has creado. Todos los archivos que vas a manejar son de otra persona. Esto es lo que indica que estás traduciendo: que esa novela que está en tu atril o en el escritorio de tu ordenador ha salido del trabajo de otra persona.

Lo cual, aunque pueda parecer insultantemente visible conlleva muchas repercusiones que hay que tener presente. El ejercicio de traducir, en definitiva, conlleva un grado extremo de respeto. Hay que suprimir cualquier juicio de “tendría que haber puesto…” y cualquier tentación de “mejorar” el texto original.

Un artista es grande por el testimonio que da con su trabajo, pero el mejor traductor lo es por su invisibilidad. No debes dejar ver tu ego. No debes realizar cambios a la ligera. No tienes ningún derecho.

2. Algunas formas de ser te hacen una buena traductora, y otras no.

Para dedicarse a la traducción hay que ser extremadamente minucioso. El tipo de personalidad que te convertirá en un buen traductor es el mismo tipo que el que te convierte en un buen bibliotecario: alguien que es un poco (o bastante) obsesivo-compulsivo. Por supuesto, no quiere decir que tengas que padecer un trastorno obsesivo-compulsivo para llegar a ser un buen traductor.

No obstante, si no es parte de tu forma de ser tienes que convertirlo es un hábito. El ejercicio de la traducción implica mantener la concentración durante mucho tiempo y prestar atención a cada detalle, por pequeño que sea. Tendrás que desarrollar una gran meticulosidad o una pasión totalmente absorbente por tu trabajo. No importa cómo seas en tu vida privada, si no te preocupan hasta los pequeños detalles de tu trabajo, si no sueles documentarte, si te vale con un «bueno, más o menos» esta no es tu profesión.

3. El conocimiento es menos importante de lo que piensas.

No creas que nunca vas a llegar a ser un buen traductor porque nunca consigues recordar qué quería decir esa palabra tan corriente. La traducción va sobre tú y tu ordenador en una habitación de tu casa, no tienes que hablar en tiempo real. Por supuesto quees importante tener un vocabulario amplio, pero lo es mucho más saber lo que sabes y lo que no.

De hecho, esto eslo más importante, porque si no sabes algo, y te das cuenta de que no lo sabes siempre podrás buscarlo. Si cuentas con las habilidades necesarias para documentarte sobre una palabra o sobre algo que no sabes; no es importante retener en la memoria el significado de la palabra «farming». Simplemente búscala en el diccionario.

4. El conocimiento es más importante de lo que crees.

No creas que vas a poder traducir programas de televisión, aunque tengas un sobresaliente en tu primer año de japonés y un diccionario. No funciona de ese modo en ningún idioma. Por muchos conocimientos que tengas siempre vas a encontrar frases complicadas en el texto con las que tendrás que lidiar lo mejor que puedas.

5. Tienes que dominar el inglés.

No importa a qué idioma estás traduciendo, debes tener un dominio verdaderamente mayúsculo de ese idioma. Digamos que quieres dedicarte a traducir del japonés al inglés. Si no tienes un dominio más que suficiente del inglés como para poder expresarte adecuadamente en inglés no importa lo mucho que sepas de japonés.

6. “Hablo dos idiomas” frente a “soy una buena traductora.

Por alguna razón muchas personas que creen que un hablante nativo de un idioma va a traducir mejor desde este idioma a otro cuando las teorías actuales afirman que es mejor que un traductor siempre trabajará mejor hacia su propio idioma), o que una persona bilingüe va a ser un buen traductor de cualquiera de sus idiomas maternos hacia otro.

No, eso no es así. La traducción es una técnica y un arte. Hablar muchos idiomas no te hace un buen traductor, del mismo modo que distinguir muchos colores no te hace un buen pintor. Al igual que en cualquier otra técnica, uno se vuelve bueno traduciendo gracias a una mezcla de talento, actitud, formación y práctica. Todo ello junto.

7. Los hablantes nativos no siempre son buenos consejeros.

Algunas personas son buenas fuentes de información sobre el significado de las palabras y otras cuestiones lingüísticas en su propio idioma; a otros les sobrepasa por completo este tipo de cuestiones. Y muchos se sitúan entre estos dos extremos: depende de lo acertado de la pregunta. 

Es importante poder contar con hablantes nativos entre tus fuentes de información si no estás traduciendo hacia tu lengua nativa, pero es igualmente importante saber escoger a tus asesores, saber cuándo recurrir a ellos y tratarlos con respeto y amabilidad. Por último, ten presente que nadie es perfecto. Todos cometemos errores, y tenemos ideas equivocadas o simplemente no tenemos ni idea.

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