Cómo afecta la automatización a la profesión de traductor

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La tecnología de la traducción, cuyo objetivo es automatizar parcial o totalmente el proceso de traducción, se ha desarrollado a gran velocidad en los últimos años. La gestión del proceso de traducción se está desplazando de los traductores a los ordenadores, según la Encuesta Europea de la Industria Lingüística 2022, y el 45 % de las empresas lingüísticas encuestadas afirman que más del 25 % de sus proyectos se realizan mediante flujos de trabajo automatizados.

La traducción automática (TA) es lo primero que viene a la mente cuando se menciona la "traducción automatizada"

La traducción automática (TA) es lo primero que viene a la mente cuando se menciona la «traducción automatizada»; sin embargo, la TA es solo un tipo de automatización. La gestión de la traducción, sobre todo, tiene que ver menos con la traducción automática y más con la automatización del proceso. 

Según Bert Esselink, director de cuentas estratégicas de RWS, los proveedores de servicios lingüísticos (PSL) utilizan la automatización para lo siguiente:

  1. Reducir o eliminar los pasos manuales del proceso de traducción, como la conversión de archivos, el recuento de palabras y las inspecciones de calidad.
  2. Utilizar reglas de negocio o inteligencia artificial (IA) para aplicar determinados pasos del flujo de trabajo o modificaciones automáticas del contenido en función de los contenidos enviados para su traducción (por ejemplo, pretraducción mediante MT)
  3. Conectando plataformas de contenidos a sistemas de traducción (es decir, conectando un sistema de gestión de contenidos o CMS a un sistema de gestión de la traducción o TMS, automatizando la trasferencia de contenidos hacia y desde la traducción)
  4. Automatizar y enrutar las trasferencias de archivos (es decir, enrutar el contenido traducible a traductores o revisores externos, garantizando un estricto control de calidad o cumplimiento asegurando que no se omitan pasos en el proceso)

Eso sí, no toda automatización es exacta a las demás. No todos los niveles de automatización son iguales, según un estudio realizado por Tina Paulsen Christensen, Anne Schjoldager y Helle Dam Jensen, profesoras asociadas de la Universidad de Aarhus, junto con Kristine Bundgaard, profesora adjunta de la Universidad de Aalborg.

Las investigadoras adaptaron una taxonomía esbozada por la Sociedad de Ingenieros de Automoción al campo de la traducción y la propusieron como un marco útil para describir los diferentes niveles de automatización de la traducción (AT).

Niveles de automatización de la traducción

La taxonomía propuesta funciona con seis niveles de automatización de la traducción que van desde la ausencia de AT (nivel 0) hasta la AT completa (nivel 5). Cada nivel está determinado por las características de AT que se activan, como la memoria de traducción (MT), la base de datos térmica (TB), la MT o la característica de concordancia. Según los autores, «la adopción de la idea de las características como principio definitorio hace que la taxonomía sea lo suficientemente flexible como para adaptarse a futuros desarrollos del AT». 

La taxonomía especifica si es el traductor o el sistema el que realiza el análisis del texto fuente y la producción del texto meta, comprueba y corrige los errores e insuficiencias, y responde a los fallos del sistema. Además, especifica si el rendimiento del sistema es o no específico del dominio.

De los niveles 0 a 2, es el traductor quien traduce realmente el texto, supervisa constantemente la tarea de traducción, corrige los errores e insuficiencias y toma el relevo en caso de fallo del sistema.  (Aunque en los niveles 1 y 2, algunas partes del proceso, como el análisis del texto original, se ceden al sistema de AT). Las funciones que se activan en los niveles 1 y 2 podrían denominarse funciones de apoyo, e incluyen las TM, las TB y la concordancia, entre otras.

En los niveles 3-5, el traductor delega todo el proceso de traducción al sistema; es decir, es el sistema el que realiza la traducción. Las funciones que se activan en estos niveles pueden denominarse funciones de traducción automática e incluyen, por ejemplo, la MT y la posedición automática. Por lo tanto, los niveles 1-2 implican básicamente características centradas en el ser humano, mientras que los niveles 3-5 implican características centradas en la máquina.

Los autores sugieren que esta norma sería útil para los PSL, los desarrolladores de programa, los usuarios de tecnologías de automatización de la traducción y los investigadores.

De pesimistas y optimistas

Los traductores se han visto afectados por las distintas formas de automatización de las tareas lingüísticas, según la investigación. «Los pesimistas» del grupo temen que las tecnologías de la traducción acaben ocupando los puestos de trabajo de los traductores, lo que llevaría a una deshumanización de la traducción.

«Los optimistas», en cambio, subrayan las ventajas de la TA; entre ellas, el ahorro de tiempo, el aumento de la productividad, la minimización de los errores, la uniformación de los procesos, la garantía de cumplimiento, el aumento de la escalabilidad y la mejora de la experiencia del cliente, según István Lengyel, director general de BeLazy. Además, esperan que el uso creciente de la tecnología pueda conducir a funciones humanos «menos mecánicos y más dinámicos» y, por tanto, a procesos nuevos y rehumanizados.  

La Universidad Rovira i Virgili y Ester Torres-Simón, profesora asociada de Lengua Coreana y Traducción de la Universidad Autónoma de Barcelona, destacaron los efectos de la AT en la profesión de traductor en un estudio de 2021. Además de la dispersión salarial en los servicios de traducción, que puede atribuirse a la creciente automatización de la traducción, su análisis reveló un cambio más profundo en el propio concepto de traducción.

Pym y Torres-Simón señalaron específicamente que, a medida que la automatización se acepta de forma generalizada, los conjuntos de habilidades se amplían y el término «traducción» abarca un conjunto más amplio de tareas hasta que se llega a un punto en el que desaparece de los títulos de los puestos de trabajo o se une a otras actividades.

Además, observaron que las habilidades interactivas e interpersonales, que (todavía) no están automatizadas, se están valorando al alza. «Más que realizar las traducciones, estas habilidades interactivas se utilizan para hablar de las traducciones automáticas e interactuar con ellas de diversas maneras», señalaron.

«Cuanto más conscientes sean los traductores de la automatización y estén preparados para trabajar con ella, más intentarán que se valoren sus habilidades interactivas multilingües», dijeron. De este modo, los traductores pueden hacer más fiables los resultados de la automatización o explicar y humanizar las ventajas de la tecnología.

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